Comunicadores Indígenas

8 Febrero 2007

Ecuador: “Les invito a construir una nueva política de comunicación”, por Mónica Chuji

Guardado en: General — Jorge @ 21:15

Al recibir la invitación para participar en el gobierno del presidente Rafael Correa y aceptar un cargo tan inestable como la Secretaría de Comunicación, lo primero que me dije a mí misma es que esto debía asumirlo como un homenaje a la historia de mi pueblo, y más aún, no sólo como un homenaje, sino como un derecho de mi nacionalidad, y de todos los pueblos y nacionalidades que han sido marginadas en este país.

También estaba consciente que mi interlocución sería difícil por la disparidad de intereses que se expresan en quienes fungen de líderes de opinión. Me dije a mí misma: “bueno, voy a trabajar con quienes consolidan la opinión pública de este país, éstas serán personas con mucha experiencia y que han recorrido un camino cientos de veces más largo que el que yo he recorrido hasta el momento; algunos tendrán experiencia por los años, otros por el intenso trabajo que han desarrollado”.

Pero también empezó a darme vuelta una pregunta ineludible: ¿La Secretaría de Comunicación alguna vez ha trabajado la interculturalidad? Esto se traduce en varias preguntas incómodas que no se ha hecho hasta el momento: ¿Indígenas en la Secretaría de Comunicación? ¿Afros en esta Secretaría? ¿Y cómo serán aceptados o aceptadas personas de la comunidad GLBT? Este es el contexto en el que acepté la invitación para participar en este gobierno. Como podrán darse cuenta, la invitación fue muy tentadora, pero además conllevaba muchos riesgos.

Sin embargo, la mayor de las preguntas se relacionaba conmigo misma, pues frente a una gran experiencia, aunque unilateral, como interlocutora, qué podría proponer desde mi juventud y desde mi propia cosmovisión, qué podría decir desde mi identidad de mujer indígena, y, sobre todo, cómo hacer una Secretaría de Comunicación desde la interculturalidad.

Sabemos que una democracia no es factible sin el concurso de medios de comunicación que sean la conciencia crítica del poder, sabemos que un Estado puede morir por lo que la prensa calla, éstos constituyen principios que los hemos reconocido como válidos desde la época de nuestra formación académica; sin embargo, son pocas las veces que nos hemos detenido a pensar en los contenidos de lo que llamamos democracia y mucho menos en lo que el periodismo tradicionalmente ha conceptualizado como democracia.

Contexto, oportunidad, veracidad y objetividad se convirtieron en dogmas irrefutables; sin embargo, como mujer, como mujer kichwa, como pueblo indígena, he mirado al periodismo desde otro ángulo, he mirado a la democracia tradicional desde otro ángulo: desde el punto de vista de las excluidas y los excluidos.

El mirar el “otro ángulo” me llevó a trabajar arduamente con el periodismo comunitario, con la radio; me llevó a formarme académicamente en el país y fuera de él, a buscar estrategias para incorporar nuestras voces en el espectro de los medios masivos. Tengo la experiencia para hacer de la comunicación un ejercicio de derechos; tengo las certezas y la sabiduría de mi pueblo para comunicarnos y reconocernos en el marco del respeto.

En la academia intenté conjugar la denominada objetividad con mis propios puntos de vista, más tarde debí comprender que el periodismo no podía ser ajeno a otros puntos de vista, a otros intereses, a otras subjetividades: desde Platón hasta Focault el criterio de verdad siempre ha estado en tela de juicio. En un inicio pensé que este pensamiento podría constituir un atentando a uno de los principios del periodismo: la imparcialidad.

Los medios de comunicación y el periodismo no son imparciales, tienen puntos de vista. Ahora la pregunta que me apasiona es, si inexorablemente existe un periodismo parcial, ¿cómo hacer para que esta parcialidad sea en beneficio de los grandes sectores excluidos de este país, de los sectores más vulnerables, de los grupos sociales que no tienen la oportunidad de hacer circular sus decires y sentires?

La pasión por esta pregunta me llevó a trabajar siempre del lado de las comunidades, pues consideré que al ser parte de un pueblo excluido debía comprometerme a que ese, mi pueblo, tenga oportunidad de existir a través de la circulación de su palabra, en su idioma, con su forma de encarar la vida, de comprender la realidad.

Obligadamente debí aprender castellano a los ocho años para no quedarme al margen de la educación mestiza; desde entonces me preguntaba por qué la lengua de mi madre, la lengua de mis antepasados, mi propia lengua debía ser negada.

De ahí que para mí, el periodismo y la comunicación se convirtieran en una herramienta para buscar que la democracia nos incluyera, para que el periodismo incluyera nuestro sentir en su diaria contribución al convivir democrático.

Estas son las mismas razones que me impulsaron a la aceptación del cargo de Secretaria de Comunicación del Gobierno de Rafael Correa; un cargo que no fue buscado durante la campaña electoral y que no fue producto de un compromiso partidista. Este cargo me fue dado en base a mi hoja de vida, a mi trabajo académico y mi experiencia profesional; pero, fundamentalmente, en base a un confluir de visiones sobre la comunicación como un sistema de inclusión desde la interculturalidad que mantiene el Presidente Correa y lo mantengo yo.

Acepté este cargo con responsabilidad y con la convicción de que es un momento histórico en el que nos aprestamos a transformar el Estado en función de los grupos sociales más vulnerables; acepté con la convicción de que es necesario recuperar una Patria para todos y todas, con equidad y con esperanza.

Desde la Secretaría de Comunicación estamos comprometidos con la transformación del país a través de una información transparente, honesta y oportuna, con una política de puertas abiertas, de diálogo continuo; pero también de respeto, de mutuo reconocimiento, de valoración recíproca; una comunicación que nos ayude a superar el racismo, la discriminación, pero sobre todo, una comunicación que construya país desde la visión de los derechos de cada mujer, de cada hombre, de cada niño, niña y joven.

En estos días han criticado mucho mis intervenciones, mi supuesto apego a la violencia, mi juventud, mi falta de experiencia. A los medios de comunicación se han dado cita diversos analistas, editorialistas, hasta psicólogos, para compararme con funcionarios anteriores, con imágenes tan halagadas en el mundo de la publicidad, con presencia impecable de funcionarios de larga data. Esto ya lo esperaba, y debo decir con mucha franqueza: “Yo no soy de esa estirpe”.

Es probable que aún no haya una precisión matemática de nuestros objetivos, pero estamos construyendo una Secretaría que representará a la diversidad del pueblo ecuatoriano, que hablará en su lenguaje, que defenderá sus derechos, que dirá las cosas claras aunque molesten, que se sustentará en una verdadera democracia participativa, en la que la libertad de expresión sea su base, una libertad de expresión que garantice no sólo a quienes representan los grupos políticos y económicos tradicionales, sino que garantice la libertad de expresión de todos y todas; por eso también ratifico que respetamos el derecho de la ciudadanía a la legítima protesta en forma pacífica, que, aunque muchos quisieran, no tildaremos de hordas o bandas a los grupos que se expresan en las calles en forma pacífica; pero eso sí, rechazamos la violencia, la controlaremos y daremos garantías para el ejercicio del periodismo cuando se presenten estas situaciones.
Soy indígena. Mi autoestima está basada en cientos de años de cultura expresadas en cada uno de mis actos. Soy parte de las minorías excluidas y siempre me deberé a ellas, por eso esta Secretaría será para todos y todas, sin excepción, y, más allá de las críticas o las defensas, les invito a construir juntos una nueva política de comunicación, les invito a construir juntos una nueva Patria, libre, soberana y equitativa.
Mónica Chuji
Secretaria de Comunicación

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*Discurso dado en la reunión con autoridades y estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad Central del Ecuador, martes 6 de febrero de 2007

1 comentario »

  1. Estimada compañera: Siempre existe una primera vez en la que debe uno lanzarse, pero, lo fundamental es estar seguro de que uno va a calar en un cosntexto o sociedad hostil, o que por lo menos va a realizar bien su tarea encomendada. Si esto se logra, estaremos en la lógica de que ” la razón no pide fuerza”. Sin embargo, si ocurre que nos dan la oportunidad y no la hacemos bien, habremos doblemente destrizado nuestras oportunidades actuales y las de los que nos siguen. Así como usted empezamos con la educación, allá por los años 77 - 78, enfrentándonos a semejantes prepotencias de los ministerios, entre ellos, el de la educación. Ahora, desde mi punto de vista, la situación es mucho más fácil, si es que se lo ejecuta con eficacia y con responsabilidad social.

    Comentario por Luis de la Torre — 26 Febrero 2007 @ 16:12

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